El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Hábitos

Jennifer MicóComment

Mi tendencia es no atender el timbre. Creo que es algo que viene, como todo, de la infancia. Desde chica estoy acostumbrada a quedarme sola en casa y registré muy bien eso de no abrirle la puerta a nadie. Hoy estuve pensando en ese y otros hábitos que mantengo desde niña.

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Educación vial

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Cuando pasás gran parte de tu infancia en el microcentro, aprender a cruzar bien la calle significa esquivar autos. Ya de grande, en el microcentro o en cualquier otra parte, sigo cruzando mal: semáforo en rojo, en diagonal, haciendo descansos en la doble línea amarilla. Estuve al borde de la muerte por atropello dos veces. La primera fue en Junín. Estaba yendo a comprar pan, vi un auto naranja cerca, muy cerca mío, y me quedé paralizada. La segunda fue en capital, con el letargo de la madrugada. No sé muy bien cómo, de pronto y de la nada, apareció un tren de la alegría con adolescentes beodos. Por un momento pensé en seguir caminando pero cuando vi la cabeza de la Pantera Rosa colgando de una de las ventanas, cedí. De todas las muertes ridículas, ésta me parecía la menos heroica.

Compra inteligente

Voy al supermercado por la mañana para evitar la hora pico. Funciona muy bien en tanto no doy con oficinistas hambrientos cargando bolsas del sector "Congelados". Sin embargo, la demora persiste; con la desaparición de las ferias barriales, llegó a los autoservicios una nueva figura para el horario diurno: el jubilado. Además, dependiendo de la cadena, hay un día en la semana en el que tiene descuentos. Ese día se llena de estos amigos, que caen como por un embudo en las cajas de 15 unidades y pagan con monedas.

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Léxico

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Sigo usando la palabra sobaco en lugar de axila. Pocos imaginan qué significa; la mayoría directamente ni lo intenta. Yo los entiendo. Todas las cosas que pueden suceder normalmente en relación a las axilas, a mí me pasaban con el sobaco. En las remeras solían salirme agujeritos justo en esa zona y si no tenía ganas de bañarme, alguien me gritaba "por lo menos, laváte los sobacos". 

 

 

Conclusión

La personalidad de uno se define en ese punto donde se encuentran los aprendizajes de la niñez con los hechos reales de la vida. A veces, la correspondencia es nula – a nadie le crece la nariz cuando dice mentiras, incluyendo al tío Héctor que le crece también cuando dice verdades. Otras veces ocurre que las cosas que nos parecían ridículas resultaron no serlo tanto; sí, hay que cubrirse cuando estornudamos. Por no hacerlo, a mi abuela se le fue la dentadura postiza abajo de la heladera.

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