El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Un 5 o'clock tea con pescado ahumado y pollo a las brasas

jennifer micóComment
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Tola e Irina son arquitecto y cliente, respectivamente. Él le diseñó un segundo piso de madera; ella lo construyó con ladrillos. Para él, un proyecto frustrado; para ella, la casa de sus sueños. Es que Irina es una mujer que no se hace problemas: no necesita una escalera que conecte la planta baja con el resto de la casa: es atleta, piensa trasladarse por las instalaciones con un arnés y, asegura, tiene una muy buena cobertura médica. A pesar del desfasaje de materiales, la relación quedó en buenos términos y por eso, aquella tarde en la que paseábamos por el pueblo, al tropezar con la puerta de Irina, Tola no dudó en tocarle timbre y saludarla.

Ella llegó corriendo, nos hizo un tour por su jardín e incluso nos mostró sus gallinas, que ponen huevos con yemas más grandes que las claras. Nos ofreció té y trajo a la mesa tazas, café instantáneo, terrones de azúcar, una fuente con caramelos soviéticos, masitas con dulce de membrillo, sandwichs de waffles con queso, un plato con pan negro y blanco, un pescado ahumado y un pollo a las brasas.

Afuera llovía, no nos dejaban ir y nos invitaron con más café. Por supuesto que esta segunda ronda no sería menos que la primera. Muestra de la hospitalidad rusa, una de las hijas de Irina preparó blinis. Nos explicó que debíamos acompañarlos con unas mermeladas frutales, de cuyos nombres no estoy segura de poder dar información precisa. También los sirvió con helado. Y nadie en la mesa se atrevió a responsabilizarla de las molestias de sensibilidad dental, provocadas por el contraste de los blinis recién despegados de la sartén con el frío del helado. En Siberia, por más caliente que esté el panqueque, el helado jamás se derrite.