El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Andanzas de mi pie

jennifer micóComment

No está muy claro qué pasó. Al principio, era un latido en mitad de la noche. Cuando dejó de latir, cobró un aspecto asqueroso. Fui a la farmacia por pervinox y gasa pero la farmacéutica, al verlo, me recomendó / vendió también un antibiótico en crema.

Tal vez, sin gasas, pervinox ni crema, la herida hubiese empeorado pero lo cierto es que no mejoró ni un poco. A la semana, fui al médico. me recetó antibiótico oral por seis días y un refuerzo inyectable que aplicó en la misma clínica. Como terminé el tratamiento fuera de la ciudad, durante los siguientes días le mandé fotos de mi dedo gordo vía mensaje privado, a las que él respondía con frases como "¡Qué bien!", "¡Tu recuperación es excelente!" o "¡Impresionante cómo se redujo el pus!".

Los "no" para la restauración del dedo fueron:

  • no beber más de una copa de vino (por el antibiótico, no por el dedo en sí),
  • no correr ni hacer ninguna actividad exigente para la cicatrización,
  • no usar calzado con taco.

De todo, el "no" que más lamenté fue el último. Cuando medís un metro sesenta y medio (realmente, es casi un metro sesenta y uno) y estás en una ciudad de mujeres avatares, con una altura promedio de 1,70 m que sólo usan zapatos altos, necesitás tacos.

Pero hubo, aparentemente, otro "no" más: no usar correctamente los escalones. Anoche, al ingresar a un evento muy glam, tuve el atrevimiento de caer con una de esas caídas que parecen no tener fin, en las que uno lucha y lucha contra la gravedad, nunca se salva del piso y lo único que logra es hacer que más personas, como en efecto dominó, comiencen a rotar sus torsos para no perder detalle de cómo te desplomás, sin una gota de gracia. Como embadurnar más la mancha en la remera, si no usás el método adecuado.

Las andanzas de mi pie derecho - no queremos imaginar si hubiese sido el otro - continuaron esta mañana cuando se me descarriló el cierre del borcego. No tenía tiempo ni idea para arreglarlo y la solución fue caminar rápido, para disminuir el efecto chiflete en el talón.

Sé que pronto, todo va a estar bien, súper bien. Esta misma tarde, me di la vacuna antigripal. La decoración del centro, como suele ocurrir en este tipo de lugares, estaba pensada para los niños: juguetes de colores brillantes, peluches de animales con ojos de huevo y una alfombras de goma eva con las letras (cirílicas) caladas. La selección del dorado metalizado para el tapizado de los sillones y la música de mail con presentación de power point que sonaba de fondo eran más para los papis o pacientes adultos.

Personalmente, lo que más me gustó fue rampa de la entrada, re fácil de usar y libre de escalones traidores. Al terminar la rampa, daba la bienvenida un gran cesto, repleto de cofias para cubrirse las suelas de los zapatos, de las cuales, por supuesto, tomé dos y coloqué según indicaba el cartel.

Mientras esperaba, me di cuenta de que mi pie derecho tenía más colores que el dino bailarín con el que jugaba una de las niñas: el zoquete anaranjado se asomaba desde las profundidades; se veía más que cuadrillé del interior y, por contraste, hacia más evidente que llevaba el cierre abierto... y para coronar, una amorfa cápsula plástica color celeste azulado.

No sé si lo va a dejar más tranquilo, pero como él me dijo lo más importante es que mantengas la herida limpia, yo aproveché, me saqué una foto y se la mandé a mi médico. No le debe haber llegado todavía porque no me respondió.

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