El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Andanzas de mi pie II

jennifer micóComment

"HAY QUE CORTAR" - dijo el cirujano. ¿Va a doler?  "Vas a sentir una molestia durante los primeros días". Miré mi dedo, al cirujano: Y, ¿cuándo haríamos la cirugía?  "Si podés, ahora" Miré mi dedo, al cirujano. ¿De acá, salgo caminando?  "Sí"

Sala de espera de la clínica. La cofia sobre el calzado es tendencia esta temporada.

Sala de espera de la clínica. La cofia sobre el calzado es tendencia esta temporada.

Después de la visita al primer médico, el dedo mejoró. Había quedado en condiciones para caminar, usar dos pares de medias (en Rusia, la primavera puede ser un poco fresca) e, incluso, hacer una pequeña corrida para alcanzar a cruzar la calle antes de que corte el semáforo. La situación empezó a retroceder casilleros durante mi estadía en Tallin; mi hipótesis es que, siendo ésta una ciudad medieval y teniendo en cuenta todas las veces que me tropecé con los adoquines de la calle, la herida afloró de nuevo. Siguiendo este hilo de pensamiento, me tranquilicé pensando que fuera de Tallin, el dedo volvería a su estado normal. Dado que la idea, por supuesto, no funcionó, negué lo que pasaba cubriendo el dedo con una curita color carne. Así lo hice, durante varios días, sistemáticamente, cada mañana hasta que di con el cirujano.

Reconozco que no estaba preparada, de ningún modo, para la cirugía: ¡¿qué mejor condición para proceder?! El cirujano debe ser, creo yo, como el estornudo: sorpredernos siempre, sin lugar a pensar en las molestias de los días siguientes, el fastidio de lavar la herida 5 (CINCO, five, cinque) veces al día y la responsabilidad de no olvidar la toma de antibióticos.

La decisión fue buena. A pesar de lo que parece, sé que esta vez, el dedo realmente transita su camino hacia la recuperación absoluta. Además, noto que estoy más sensible a mi entorno: permanentemente busco un lugar para apoyar las piernas, o por lo menos la maltrecha. Como en los sillones del café (foto de arriba), o asomando al proscenio en la Filarmónica de San Petersburgo:

pie filarmonia.jpg

o una pose más discreta en Teatro Mariinski:

Fue gracias a la cirugía, también, que viví una gran experiencia en el baño de discapacitados del aeropuerto, haciéndome uno de los baños diarios para asear la herida, sobre una sola pierna (cual flamenco), al ritmo de los toc toc que hacía una señora, deseosa de entrar, no porque necesitase un wáter, sino porque quería fumarse un pucho. La vida sigue y no hay mal que dure más de dos posts.

Placer. Me gusta que, cuando la zapatilla es ortopédica, no pretenda ser un Jimmy Choo.

Placer. Me gusta que, cuando la zapatilla es ortopédica, no pretenda ser un Jimmy Choo.