El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Brooklyn sin siesta (Parte 1)

jennifer micóComment

Decir que un amigo de la infancia de tu madre abrió un restaurante al lado del boliche de Juan Leyrado no significa que vos conozcas a Juan. Del mismo modo, cruzar el puente que va de Manhattan a Brooklyn no significa que conozcas Brooklyn. Cuatro años después de haber llegado por primera vez, sólo para dormir una siesta en la primera plaza que encontré, regresé.

Encontrar el puente

De las opciones de ruta disponibles, volví a elegir el Brooklyn Bridge. El camino desde casa hasta el puente era, aparentemente, bastante directo. Sin embargo, algunos factores hicieron que mi percepción fuese diferente:

 

  1. Google Maps sobreestima mi aptitud física y la capacidad que tengo para orientarme.
  2. En cuarenta minutos, recorrí  tres etnias: china, judía y latina. (El sur de Manhattan probablemente sea la zona más concentrada del melting pot.) 
  3. Hay un juego al que todos juegan en Chinatown y creo que se llama “No se moleste en ser simpático: los turistas seguirán viniendo de todos modos“

Cruzar el puente

El Brooklyn Bridge tiene dos carriles. No estoy segura de saber cuáles son pero creo que quedan categorías sin señalizar:

runners,

turistas que toman fotos cada tres metros,

turistas que sólo quieren llegar al otro lado,

familias con niños pequeños que necesitan hacer una pausa de descanso y seguir,

ciclistas de carga liviana,

ciclistas padres con críos en canastos,

autos de la policía y

newyorkers que, por ser tan geniales, no gritan, no se quejan, no miran a nadie mordiéndose los labios.

 

Ya en Brooklyn

 Al final del puente, me esperaba un cartel-“USTED ESTÁ AQUÍ“. No quiero quejarme pero el mapa estaba, precisamente, en espejo respecto a quien lo mira - conclusión a la que no arribé sino unos veinte minutos de atenta observación.

El recorrido siguió, primero, por una zona comercial, luego una de restaurantes y cafés hipsters y finalmente una de casas y duplex. En esta última sección, crucé tres personas:

un hombre que me pidió un chicle,

una nena que decoraba la reja de su casa con telarañas y

una mujer a la que le pedí indicaciones

 

Mi vista desde la terraza. Brooklyn, NY - Octubre 2014

Mi vista desde la terraza.

Brooklyn, NY - Octubre 2014

Almorcé en un bufet con mesas en la terraza. No sé si la vista era decididamente linda pero la idea de almorzar en la terraza, al Sol, después de tantos días de lluvias, me hizo muy feliz.

A pesar de que estaba cómoda, indiferente a la buena señal de wiFi que había en el lugar y sin atender el incipiente dolor muscular de unas piernas que estuvieron fuera de actividad durante la recuperación de un pie malherido, me levanté y seguí recorriendo Brooklyn.

Brooklyn, NY - Octubre 2014

Brooklyn, NY - Octubre 2014

Cierto, ya había logrado mucho más desde la primera vez en que había estado de este lado del puente, pero me parecía que todavía faltaba para saldar mi deuda.