El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

Un cerdo, dos coréografos y tres colores

jennifer micóComment

En estas condiciones, termina la bailarina de Helder (2013). En esta pieza, Cindy Van Acker es la coréografa y Stéphanie Bayle, la única intérprete. En tres oportunidades, Stéphanie se queda quieta y Cindy se le acerca, con una brocha y un tarro de pintura, para estamparle unas pinceladas en distintas partes del cuerpo. La imagen es lo más parecido al baile de la escoba, sólo que, el encargado de hacer mover a los bailarines inmovilizados, en lugar de cosquillas o gestos de calambre maxilar, le pinta una pierna de rojo, después, el cuello de azul y, finalmente, el espacio que ve libre, de negro.

  1. EL PRIMER COLOR ES EL ROJO. Rojo, como los rubÍes de Jewels (1967), la coreografía de George Balanchine que tiene tres partes:

"Esmeraldas",

"Rubíes",

y "Diamantes"

George Balanchine fue un bailarín, maestro de ballet, coreógrafo y fundador del ballet neoclásico, nacido en San Petersburgo, en 1904. 110 AÑOS MÁS TARDE, a esa ciudad llegaría Cindy van Acker para presentar Helder.

Estatua de cerdo presente en la sala donde se presentó Helder, de Cindy van Acker.

Estatua de cerdo presente en la sala donde se presentó Helder, de Cindy van Acker.

En la sala donde se realizó la performance, formaba parte de la decoración la estatua de un cerdo.

CERDO, como la carne de la que están hechos los schnitzels, nombre para la milanesa en Viena.

VIENA, la ciudad donde, el viernes 3 de octubre pasado, la Staatsoper presentó un programa, incluyendo una coreografía de George Balanchine.

 

Cindy Van Acker (izq) y Stéphanie Bayle, Primero rojo, después azul y finalmente, negro: los tres colores de Helder (2013). San Petersburgo - Rusia

Cindy Van Acker (izq) y Stéphanie Bayle, Primero rojo, después azul y finalmente, negro: los tres colores de Helder (2013). San Petersburgo - Rusia

Entendemos que una mujer pintando a otra, que tiene una posición incómoda es, de algún modo, un acto provocativo. Lo que más me llamó la atención fue, sin embargo el momento en que me retiré del lugar. Llovía, hacía frío y tuve, por ello, que tomarme unos minutos antes de salir (varias capas de abrigo y un paraguas nuevo y bueno que aún no entiendo cómo abrir). Había una figura extraña al lado de la puerta, llevaba capucha. Cuando me acerqué, la miré de reojo. Apenas pude verle el rostro: había poca luz, la capucha le hacía demasiada sombra y tenía una franja negra que le atravesaba la cara desde la frente hasta la pera. Descarté al cerdo de inmediato porque segundos atrás lo había visto quedo, al lado del escenario. En cuanto descubrí el cuello azul, no dudé ni un segundo más: era la bailarina, que esperaba al taxi para regresar a su hotel.