El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

A días de Halloween, mi primera y escalofriante experiencia con calabazas

jennifer micóComment

El edificio huele a curry, se escuchan sirenas de bomberos, el departamento tiene dos tamañas televisiones y hasta la vidriera de la farmacia tiene calabazas y falsas - espero - telarañas halloweenenses.

Pero si hay algo que me confirma que estoy acá es que ya en mi segundo día logré activar la alarma contra incendios. ¿El motivo? Excelente: preparar una digna compañía al pollo a la sartén, tan dorado y crujiente, que me obligó a hornear, a límites INSOSPECHADOS, unos zapallos, ajos y cebollas con romero.

Del otro wing, para bancar el hambre mientras

abría puertas y ventanas,

le sonreía al vecino del pasillo disculpándome por el alboroto,

ventilaba el horno

y desactivaba el pitido,

ensalada de espinaca, champignones y cherries.

Quizá, en muchas ciudades, aprender a cocinar signifique conocer nombres de cortes, tiempos de cocción, combinación de sabores o descifrar el misterio detrás de la frase "una pizca de sal". Pero cuando está acá, además de todo eso, el aprendiz de cocina tiene una silla a mano, justo debajo del detector de humo. ¡New York! ¡Qué hermoso es estar de nuevo!