El Monoambiente de Palermo

La caca en el pelo y otras cosas curiosas

ctrlF

jennifer micóComment
Esto que parece la onomatopeya de un estornudo conflictivo es, en realidad, un sistema de avanzada para encontrar palabras. Cuando no tenemos ganas de leer (todo) el texto o (ni siquiera parte de) una lista, basta con apretar las teclas  Control (Ctrl) y F, escribir las primeras letras de la palabra en cuestión y alguien, no sé quién, te la muestra resaltada cada vez que aparece. La idea es simplemente genial.

Pero hay un problema. La búsqueda facilitada se vuelve adictiva al punto que el cerebro se acostumbra y reclama un servicio si no idéntico, por lo menos parecido, en textos extra-informáticos. Por ejemplo, un libro. Por ejemplo, el ticket del supermercado. Por ejemplo, el apunte que te prestó un compañero de la facultad.

Cuando es posible, usamos sistemas alternativos para encontrar palabras. Si buscamos el adverbio <<zarrapastrosamente>>, tendremos grandes posibilidades de éxito teniendo en cuenta la zeta inicial y la longitud del término. Es la técnica de la sopa de letras: hacer foco en los rasgos descollantes. Esto funciona dignamente si nuestro nivel de atención es estable y, en cambio, queda absolutamente anulado si vemos hombres-fosforito en lugar de letras.

El problema del no ctrlf en la vida real es mayor para la gente con problemas personales. Mi amigo Guillermo lamenta que no haya algo así para localizar objetos. Y no es que él sea una persona desorganizada; creo que es en casos como el suyo donde la técnica del ctrlf sería invaluablemente útil. Porque, cuando el caos es extremo, estamos dispuestos a encontrar el teléfono en la bañera; pero si somos visiblemente ordenados y las llaves no están donde deben estar, es esperable que entremos en un estado de desesperación aguda.

Igual, no dejo de pensar que su fantasía es rara. Se necesitan muchos objetos: hologramas de las teclas Ctrl y F, una barra donde escribir <<llaves>>  y finalmente una luz amarilla contorneándolas. Imagino una luz no muy fuerte, más bien amable, pero que hace un ruido de insecto atrapado en una lata.

Ante la pérdida de un objeto, el comportamiento normal sigue dos tendencias posibles. De acuerdo con una, la persona piensa dónde fue la última vez que lo usó (procedimiento que no entiendo pero no me convence). La segunda tendencia - y mi preferida- consiste en dejar de buscarlo hasta que aparezca milagrosamente.


Las cosas, como las palabras y los niños en la playa, se pierden. Y si el que busca, no encuentra, tendrá que conformarse con lo más parecido que encuentre por ahí.